El éxito de la legislación concursal alemana frente a la española se debe en buena medida a la limitación del plazo que tiene el administrador para solicitar el concurso, que es de tres semanas desde que conoce la insolvencia; al seguro de carácter público obligatorio de insolvencia que pagan todos los empresarios y al Kurzarbeit (Reducción de Tiempo de Trabajo), según señala el abogado alemán Michael Pluta, fundador de la firma de abogados internacional, especializada en insolvencias empresariales Pluta Abogados GmbH.
Además, en el 95% de los casos en que el administrador y el gerente son la misma persona, la administración concursal se hace cargo de la reestructuración y la empresa se vende a un tercero, una vez saneada, “porque en la mayoría de las empresas que acaban en liquidación, ésta se debe a una mala gestión”, apunta Martin Prager, director de la firma en Munich.
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