En estos tiempos los “siete pecados capitales” que históricamente han sido sinónimos de la falta de virtud se han instalado en muchas organizaciones de una forma casi imperceptible, con la excusa de la crisis: si no los desenmascaramos, será muy difícil salir adelante.
Si a estas alturas de la película, con más de 3’5 años de crisis económica, su empresa y usted mismo no se han tomado en serio el coaching como desarrollo personalizado, francamente, y con todo cariño, no le auguro nada bueno. Este periodo de incertidumbre debería habernos llevado a una mayor reflexión y acción, a servir mejor a nuestros clientes (precisamente porque tenemos menos, pueden gastarse menos en nosotros y disponemos de más tiempo para atenderles), a innovar más que nunca (el miedo nos ha hecho ser excesivamente conservadores en lugar de sorprender positivamente al mercado con nuevos productos y servicios), a trabajar verdaderamente en equipo (como nos demuestra el deporte de alta competición, un equipo no se improvisa) y a desarrollar el talento (para que dé lo mejor de sí mismo desde su capacidad y su compromiso, y no sufra el desgraciado absentismo emocional que es hoy tan común).
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