La huelga general de hoy en teoría protesta por la reforma laboral del Gobierno, una reforma que prácticamente no va a afectar a los directivos y ejecutivos de las empresas. Pero eso no significa que los trabajadores del escalón más alto estén contentos con el Ejecutivo de Zapatero. Porque lo que sí les afecta, y mucho, es la subida de impuestos anunciada el viernes pasado, tanto por el nuevo supertramo del IRPF como por la limitación de los beneficios fiscales a los bonus y a las indemnizaciones.
La reforma laboral no va a afectar en general a este colectivo porque sus contratos suelen establecer indemnizaciones individualizadas muy por encima de los 45 días por año trabajado que cobra un trabajador normal en caso de despido improcedente. Estas indemnizaciones se justifican por la competitividad del mercado, es decir, como forma de atraer a los ejecutivos con más talento junto a otras compensaciones como el salario, el bonus, el plan de pensiones o el coche de empresa.
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